martes, 15 de noviembre de 2011

Hociqueo



Mi perro tiene rabo de lagarto, lengua rosada, vibrante al cansancio,
ojos marrones y hocico lustroso, olisqueante
Mi perro es más fiel que muchas almas.
El horror de perderlo, me hace palmearle la cabeza como recompensa
buscarle respuesta en los ojos en que creo ver gratitud
y así, me hago feliz.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El paso de los días


El día estuvo brumoso, como lo está ahora la noche.  Hubo un atardecer casi eterno, con el sol demorándose por entre los morros, dejando que el otro lado de la bahía se volviera de color pastel, blando, cremoso. Si bien duró tanto, el perro se lo perdió por completo, dormido como estaba sobre la alfombra de la entrada. De a ratos, suspiraba como sólo él sabe suspirar. Y ahora ya no hay luna, pues los días que han pasado después de la luna llena se la llevaron, la fueron  devorando, comiendo de a tajadas, hasta que no quedó más que un cielo casi negro. 

Al mismo tiempo, el mar se volvió marrón después de la calma de la semana pasada, cuando se podía ver el fondo a través de ese cristal turquesa, un vidrio grueso de pura agua. Ayer, el océano comenzó a moverse, a cambiar tanto que hoy por la mañana no lo reconocí: el viento hacía que las olas se encontraran, chocaran sin remedio, que revolvieran la arena del fondo y que el recuerdo de aquella calma fuera inviable. Los días que pasaron se llevaron la luna, el agua clara y la tranquilidad del océano, si es que todo esto quiere decir alguna cosa.

viernes, 7 de mayo de 2010

Esmeralda, mi sueño



He estado soñando en verde los últimos días. Todo comenzó con un césped vasto, y poco a poco vino la naturaleza frondosa y fresca, casi excesiva, un todo húmedo, fresco, verde esmeralda mi sueño. Un valle y por el medio  de aquellas alturas, el océano entrando amable, con olas minúsculas bañando los enormes fiordos. Otro sueño fue en casitas de madera sobre los árboles, construcciones hermosas colgando de enormes gajos, leñosos. Alfombras tejidas cubriendo esas maderas y platos con granadas de todos colores, la mayoría abiertas, otras cerradas y mudas. Eran tantas las granadas… Violetas, granate, rosas, de todos colores era la cáscara gruesa de las granadas, y dentro los pétalos transparentes de esa fruta, cristales sobre platos de porcelana dibujados, detalles de toda una historia. Y éramos niñas saltando por entre las ramas, los cabellos al viento, tules por encima de las polleras, tropezando con las alfombras de puro gusto y haciendo caer las granadas, balanceándonos con los columpios tan lejos del suelo, tan lejos del mundo, el vértigo hermoso de saberse tan frágil y dulce.

lunes, 27 de abril de 2009

Teoría del Cuerpo Móvil

Danzaba ella, bailaba
dando vueltas,
revolving around the big circle
of her neck

Y de repente, katatatataplum
dando un giro, qué susto
cayó

Patatatapash, despatarró
quien danzaba, ella bailaba
como si el cuello fuera hoy mundo revuelto
y mañana una torre
desde la cual mirar.

Preci-ojos

video

Poema: Bob Brown.

Animación: Norberto Ritter, Maloca Estúdio

Traducción: Rosi Lázaro

jueves, 30 de octubre de 2008

Huele, ciertamente


Bali huele. Huele por todos lados, y huele a flores, a incienso, a café, a comida con muchas especias, a calor rotundo y a la canela de los cigarrillos que todos fuman. Hoy, al preguntarle el teléfono de un taxista al muchacho que limpia en la posada, se sentó, sacó uno de los cigarrillos de su bolsillo, lo encendió y sólo así luego escribió el número en un papel. También hay olor a excremento de perros flacos, esos seres que todos odian por ser considerados reencarnaciones de personas malas. No te les acerques, me dijo una francesa ayer por la noche cuando un cachorro huesudo y feo vino a olisquearme. Ahora, un indonés muy menudo esparce aceite por el cuello regordete de un australiano que espera por su comida. Luego regatean el precio del frasco de la loción y miles de motos pasan al mismo tiempo rumbo a una ceremonia en el templo del acantilado. Uluwatu. Suena lindo, y huele también. Van todos vestidos de blanco y con sombreritos a rayas azules. Pasan muchos y luego dejan de pasar. Por el aire, flota el aroma del aceite que el indonés no pudo finalmente vender, y al australiano come con ansias una pizza atiborrada de muzzarella. Los puñados de flores de plumería de cada árbol se encargan de hacer el aire dulce. Una cometa vuela hace horas en el medio del cielo, sostenida por un hilo eterno, negra y casi un avión contra el cielo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Brunei?


Un campo de nubes. Magnolias blancas desparramadas, blancas y puras con el sol del amanecer. Pétalos brumosos de algodón que el avión va dejando atrás. Hasta el horizonte, la repetición interminable de magnolias y más magnolias, flores preciosas hechas de nubes en la salida del sol.

Vemos montañas verdes y lagos que brillan como esmeraldas al pasar. Veinte minutos después viene el Aeropuerto de Brunei y sus mujeres con turbantes. Jóvenes, viejas y niñas con turbantes. Más y más turbantes blancos, ojos rasgados y miradas desconfiadas. En el medio de todos esos pañuelos, encuentro uno amarillo en mi mochila y me ato el pelo. Ellos no usan turbantes, lo cual es muy injusto. Una señora enorme pone con dificultad sus pies hinchados dentro de unas minúsculas sandalias. Una barba rubia le cubre la quijada.

Llegan más mujeres de turbantes, se miran, se saludan. Un niño rubio se saca el chupete y lo tira lejos, para luego pararse frente al ventanal de la sala de tránsito sosteniendo un osito cabeza para abajo. Se me acerca y clava sus enormes ojos azules en el cuaderno donde escribo. Al mismo tiempo, un hombre de ojos rasgados y abdomen prominente cuenta a las mujeres de turbante, todas en excursión. Suma también a los hombres de ojos como los suyos, tan distintos a los focos tan claros del niño, que ahora correr por los pasillos que llevan al próximo avión.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Crystal clear



Las olas. Celeste tan, tan claro... Punta Lobos. Chile 08.

martes, 20 de mayo de 2008

La novela no escrita


La novela no escrita está esperando por la mirada capaz de describirla, todavía antes de realizarla. Es inevitable sentirse a merced de la historia bajo el vaivén leve del avión. Devoro la porción mínima de carne y vegetales, cena obligada, y trato de dormir. El tenedor de plástico descansa en el plato. Dentro de los zapatos rojos de charol, revoleo casi imperceptiblemente los dedos de los pies. Van siete horas de viaje, siete horas desde la partida de la cama compartida, pienso, y faltan tres más.

Viajo a Santiago, de Compostela o de Chile, nadie lo sabe. La sensación vacía de la mirada despidiéndome me atormenta tanto como la novela no escrita. Me observa la mirada del escriba de la novela todavía no imaginada, pendiente en la cama compartida, y el cielo negro nos traga a todos los pasajeros.

Las horas pasan, y de nada de esto soy conciente. El organismo se amolda al asiento. El avión mantiene la misma lejanía de la tierra. Distancia perfecta, necesaria hasta aterrizar. Flota, avanza, rozo con el rostro el vidrio doble de la ventanilla. Increíble el plástico tan fino separándonos del aire alrededor. Los cristales ínfimos del lado del espacio tienen seis pies. Todos tienen seis pies. La novela no sé cómo será. Tan sólo me dijeron: Que sea bello.

Ahora pasan también las estrellas, y me siento sola, bien sola. A merced de las distancias allá abajo por las distancias tan mías, y el globo enorme gira bajo el avión, la soledad toma la garganta y brotan lágrimas de los ojos. El señor sentado a mi lado tiene tos. Se acomoda en el asiento, mira mis zapatos rojos de charol y tose otra vez. Al mismo tiempo toso yo también. Abro la libreta y escribo: Que sea bello, tan sólo.

O primeiro passo (Norbito´s design)


La palabra y el tiempo, el color y los gestos, la máquina del registro y la ansiedad por compartir el recorrido; la expectativa dulce, libre y dolorosa,
alcanzable apenas con el propio organismo al servicio de la historia.
Ojos, piel, oídos, la lengua detenida, partes de la máquina del caníbal perfecto, una mordida al destino.

Baja la vista, sube un suspiro.
Vuelta de cuchillo a una naranja
Un olvido momentáneo y un descuido
La imagen que se refleja en tu iris

Descuido que hoy es ya nunca
y me olvido de que se puede correr
y dejar la mirada prendida
de una flor escandalosa, de una hormiga tenaz a la que le altero el rumbo,
pero siempre lo vuelve a encontrar.
........
Apart from designing it, Norbito also animated the poem:

video